Manuela, como todo niño o niña de su edad, se divierte con sus amigos o amigas imaginarias. Es soñadora e imaginativa y le gusta llamar por el celular a los backyardigans, a Mickey Mouse, a Sid el niño científico y muchos más personajes, les cuenta si está o no está en casa, les dice qué está haciendo y les confirma si pueden pasar a visitarla, luego los recibe muy atenta y cordial, les invita a seguir y los lleva a jugar con sus juguetes.
En cualquier lugar dónde esté, encuentra una tienda imaginaria donde una señora le vente todo lo que ella necesita, desde barriletes, choco break y cualquier clase de dulce que se le antoje, hasta pañales o medicamentos para los dolores de ella misma, de sus muñecas-os o de quienes estamos con ella.
Tiene en su cabecita y muy presente en su vida cotidiana, un gato fucsia (su color favorito) que cuida y lleva a todas partes, duerme con el, lo alimenta y siempre está pendiente de que no falte dónde nos vamos y aunque a veces no recuerde llevarlo, cuando piensa en su gato fucsia, inmediatamente lo saca de su bolsillo, de algún bolso o de las manos de alguien y como por arte de magia, el gato fucsia aparece entre nosotros-as nuevamente.