Todavía recuerdo que a Manuelita le gustaba que la empujaran en el columpio. De hecho hacía berrinches cuando le decíamos que podía impulsarse si estiraba y encogía sus piernitas. En cada parque la historia se repetía, el columpio era lo que le gustaba y a nosotros nos gustaba empujarla.
Sin embargo la edad nos cambia, ese vaivén subidos en un trozo de madera, amarrado con cadenas a unos tubos de metal, sigue siendo un gran placer, pero ahora es al revés: a Manuelita le gusta empujar y claro, con su sonrisa Gloria nos confirma que a ella le gusta que nuestra pequeñita sea quien maneje.




